Hernioplastia · Inguinal · Umbilical · Incisional
Un bulto en la ingle, en el ombligo o sobre una cicatriz, que aparece al toser, al pujar o al cargar peso y se mete al acostarse. En el adulto la pared abdominal no vuelve a cerrarse sola, así que una hernia no desaparece con faja ni con ejercicio. Lo que cambia de un caso a otro es si conviene repararla ahora o vigilarla.
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Una hernia es la salida de grasa o de intestino a través de un punto débil de la pared abdominal. Las más frecuentes son la inguinal, en la ingle; la umbilical, en el ombligo; y la incisional, que aparece sobre la cicatriz de una cirugía previa. Esto es lo que con más frecuencia lleva a consulta:
En el adulto el defecto de la pared no se cierra solo, y no hay medicamento, faja ni ejercicio que lo repare: la faja sostiene el bulto y hace más llevadera la molestia, pero no cierra el orificio. La reparación se recomienda cuando la hernia duele, ha ido creciendo, limita la actividad diaria o ha quedado atrapada alguna vez. Cuando se trata de una hernia inguinal con pocas o ninguna molestia en un hombre, vigilar es una opción aceptada y razonable, siempre que usted salga de la consulta sabiendo exactamente qué señales obligan a ir a urgencias; conviene saber que, con el paso de los años, una parte importante de quienes eligen vigilar termina operándose de todos modos porque la hernia crece o empieza a molestar, de modo que vigilar es una decisión que se revisa, no un punto final. En la mujer la recomendación se inclina antes a reparar, porque la hernia femoral, más frecuente en mujeres y a veces difícil de distinguir de la inguinal por fuera, se atasca con más facilidad. Antes de programar se revisan las condiciones que aumentan la presión dentro del abdomen y que influyen en el resultado: peso, tos crónica, estreñimiento, dificultad para orinar, un embarazo pendiente; a veces conviene atenderlas primero. También se revisan sus antecedentes de salud, porque pesan en la decisión tanto como la hernia misma.
La técnica se elige según el tipo y el tamaño de la hernia, si es de primera vez o repetida, y las características de cada persona. Es una cirugía programada y, en la mayoría de los casos, se regresa a casa el mismo día.
Cuándo acudir a urgencias: si el bulto se pone duro y ya no se puede meter, si aparece dolor intenso y repentino, si la piel encima se enrojece o se pone morada, o si se acompaña de náusea, vómito, fiebre o dejan de salir gases y evacuación. Eso puede significar que el intestino quedó atrapado y está perdiendo circulación. No espere a una cita ni intente empujarlo con fuerza.
Los primeros días hay molestia al toser, al reír y al incorporarse de la cama, y se maneja con los analgésicos indicados; caminar desde ese mismo día forma parte del tratamiento y no es algo que haya que evitar. El regreso al trabajo depende sobre todo del esfuerzo que exija: un trabajo de escritorio suele reanudarse en una a dos semanas, y uno que implique cargar peso, manejar muchas horas o esfuerzo físico sostenido, alrededor de cuatro semanas y a veces más. Son referencias que se ajustan en las citas de control, no un plazo garantizado, y la incapacidad se extiende según cómo avance cada caso. Es frecuente que quede un endurecimiento o un abultamiento debajo de la cicatriz por inflamación y líquido; suele ceder solo, a veces en semanas y a veces en más tiempo. Como toda cirugía, la reparación de una hernia tiene riesgos: infección de la herida, acumulación de líquido o de sangre, dolor que persiste más allá de lo esperado, molestia o adormecimiento en la zona por irritación de un nervio, y reaparición de la hernia, que puede ocurrir incluso con una reparación bien hecha. A ellos se suman los riesgos de la anestesia y, con menos frecuencia, lesión de intestino, vejiga, vasos sanguíneos o nervios, coágulos en las piernas y complicaciones respiratorias o cardiacas; cuando se opera por laparoscopía existe además la posibilidad de tener que pasar a cirugía abierta durante el procedimiento. No es una lista completa ni todos pesan igual en cada persona: los que le corresponden a usted, por su edad y sus padecimientos, se revisan antes de firmar el consentimiento, junto con los datos por los que debe llamar.
Un bulto en la ingle que aparece al toser, al pujar o al estar de pie, y que se reduce al acostarse, suele corresponder a una hernia inguinal. No todo bulto en esa zona lo es: también hay ganglios, quistes y otras causas, así que hace falta una exploración para confirmarlo. Si el bulto se endurece, duele mucho y ya no se reduce, es una urgencia.
Depende del esfuerzo que exija su trabajo, no del calendario. Una labor de escritorio suele reanudarse en una a dos semanas; una que implique cargar peso, manejar muchas horas o esfuerzo físico sostenido, alrededor de cuatro semanas, y en algunos casos más. Esos plazos son una referencia general y se ajustan en las citas de control; la incapacidad se extiende según cómo vaya su recuperación y según lo que corresponda a su empleo.
En el adulto es la recomendación habitual, porque el cierre sólo con puntos reaparece con más frecuencia. Hay situaciones en las que se decide de otro modo, y eso se habla en consulta. La malla también tiene inconvenientes: hace algo más frecuente la acumulación de líquido bajo la herida y, en casos poco frecuentes, puede infectarse o asociarse a dolor persistente, situaciones que llegan a requerir otra cirugía para retirarla.
La hernia no se cierra sola y con el tiempo tiende a crecer, lo que hace la reparación más compleja. El riesgo de que el intestino quede atrapado en un año cualquiera es bajo, pero las cifras publicadas varían de un estudio a otro y ninguna describe por sí sola un caso concreto, así que en consulta no se le va a entregar un porcentaje como si fuera su pronóstico. Lo que sí conviene tener claro es que ese riesgo no desaparece con el tiempo y que una operación de urgencia conlleva más riesgo que una programada.
La mayoría de las personas describe un dolor leve a moderado los primeros días, que se controla con analgésicos comunes y va cediendo. Lo que más suele molestar es toser, reír e incorporarse de la cama. Un dolor que en vez de ir cediendo va aumentando no es parte de lo esperado y hay que avisar.
Sí, puede ocurrir, incluso con una reparación bien hecha y con malla. Es menos frecuente con las técnicas actuales, pero el riesgo nunca es cero y aumenta con el tabaquismo, el sobrepeso, la tos crónica y el esfuerzo temprano. Por eso las indicaciones de recuperación no son un formalismo.
La consulta de valoración tiene un costo de $800 MXN. El costo de la cirugía no es una sola cifra: se compone de los honorarios del equipo quirúrgico y de lo que cobra el hospital por quirófano, material y estancia, que cambia entre hospitales y según el tipo de habitación. En la valoración se le entregan por escrito los honorarios y se le indica cómo pedir la cotización del hospital, para que pueda comparar con números reales y no con un estimado.
Sí, se reciben pacientes con seguro de gastos médicos mayores. Conviene traer los datos de su póliza a la valoración, porque el trámite y la respuesta de la aseguradora dependen de cada contrato y del tiempo que lleve vigente. En consulta se elabora el informe médico que la aseguradora solicita.
La valoración toma una consulta: se explora, se define qué tipo de hernia es y se explican las opciones con sus riesgos y sus tiempos, sin que eso lo comprometa a operarse. El consultorio está en De Los Tules 168-10, Jardines de Las Gaviotas, Puerto Vallarta. La consulta de valoración tiene un costo de $800 MXN, se atiende en español e inglés y se reciben pacientes con seguro de gastos médicos mayores.
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