Terapia de presión negativa (NPWT / sistema VAC)
Algunas heridas complejas drenan mucho, tardan en cerrar o quedan abiertas después de una cirugía, y se manejan con un apósito sellado conectado a una succión continua, conocido como sistema VAC. Es un tratamiento complementario: acompaña al desbridamiento y al control de la infección, no los sustituye.
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No toda herida necesita presión negativa. La mayoría cicatriza bien con curaciones convencionales, y colocar el equipo donde no hace falta sólo agrega costo, molestias y riesgos. Se valora en heridas como éstas, y siempre después de haber retirado el tejido muerto y controlado la infección:
Hay situaciones en las que este sistema no debe colocarse, o no debe colocarse todavía. No se aplica sobre tejido muerto o costra dura que aún no se ha retirado: la succión no desbrida, y sellar una herida sucia bajo una película adhesiva empeora el cuadro. Tampoco se indica cuando hay una infección activa sin tratar, una infección del hueso (osteomielitis) que no se está atendiendo, un tumor dentro de la herida, o una fístula no estudiada; la esponja no se introduce a ciegas en túneles ni trayectos sin explorar. La esponja nunca se coloca en contacto directo con arterias, venas, nervios, intestino, otros órganos, un injerto vascular o la sutura de una anastomosis: ahí hace falta interponer una barrera protectora y valorar el riesgo con cuidado, porque una erosión en esa zona puede causar una hemorragia grave. Se usa con precaución especial en personas anticoaguladas, con trastornos de la coagulación, o cuando costó trabajo detener el sangrado de la herida. Y exige vigilancia: no es un aparato para dejar puesto sin que alguien entrenado revise la herida y el equipo con regularidad. Por último, si después de una a dos semanas de tratamiento bien llevado la herida no muestra cambios, lo correcto no es continuar por inercia: se revisa el diagnóstico, la circulación de la zona, la nutrición y el control de la diabetes, porque la causa de fondo suele estar en otro lado.
El principio es sencillo: sellar la herida y mantener una succión constante. Eso retira el líquido que se acumula, disminuye la hinchazón de los bordes, acerca los bordes entre sí y favorece la formación de tejido nuevo y de vasos pequeños. El apósito sellado también aísla la herida del ambiente y reduce el número de curaciones al día.
La presión negativa no desbrida ni cura una infección. Es un complemento. Si el tejido muerto sigue ahí, si el hueso está infectado o si la circulación de la pierna no da para cicatrizar, el equipo no va a resolverlo, y mantenerlo puesto sólo retrasa el tratamiento que sí hace falta. Por eso cada cambio de apósito es también una revisión de la herida, no un trámite.
Las bombas actuales son portátiles, funcionan con batería y se cargan al hombro o en la cintura, de modo que muchos pacientes pueden caminar y hacer buena parte de su vida diaria, dentro de lo que permitan la herida y el motivo por el que se operó; en otros casos la movilidad queda limitada, y eso se valora persona por persona. Es común sentir un jalón o una presión en la zona al encender el equipo, y molestia sobre todo en los primeros cambios de apósito; se maneja con analgésicos y, cuando la succión continua incomoda, cambiando a ciclos. Para bañarse se desconecta la bomba un rato corto y se vuelve a conectar en cuanto termine, se evita el chorro directo sobre el apósito y no se sumerge la zona. Hay una regla que no conviene romper: el sistema no debe quedarse sin succión más de dos horas, porque una herida sellada sin aspiración favorece que las bacterias se multipliquen; si eso ocurre, el apósito se retira y se cambia por uno nuevo, no basta con volver a encender la bomba. Lo mismo aplica a las alarmas de pérdida de sello, depósito lleno o batería: se atienden enseguida y se avisa, no se dejan para el día siguiente. Como todo tratamiento, tiene riesgos, y algunos son serios. El principal es el sangrado, que puede ser abundante y se ha asociado a casos mortales, sobre todo en heridas cercanas a vasos, injertos vasculares o anastomosis, en heridas de la ingle y del esternón, y en personas que toman anticoagulantes. También puede haber infección —con frecuencia relacionada con fragmentos de esponja retenidos dentro de la herida—, maceración de la piel de alrededor y dolor al despegar la esponja. Acuda a urgencias de inmediato si aparece sangre fresca en el tubo o el depósito, o si un sangrado no se detiene; comuníquese el mismo día si el dolor aumenta en vez de disminuir, si hay fiebre o escalofríos, o si sale mal olor o líquido por debajo de la película. La duración total es muy variable —algunos pacientes lo traen unos días y otros varias semanas— y depende del tamaño de la herida, de la causa y de cómo responda: al colocarlo no se puede prometer una fecha de retiro.
La mayoría describe una sensación de jalón o presión cuando el equipo está funcionando, más que dolor. Lo que suele molestar es el cambio de apósito, sobre todo los primeros. Se maneja con analgésico antes del cambio, humedeciendo la esponja para despegarla y, si hace falta, ajustando la presión o pasando al modo por ciclos. Dígalo si duele, porque casi siempre puede intentarse un ajuste; y si el dolor va en aumento en lugar de ceder, avise sin esperar a la siguiente cita.
Depende de la herida y no se puede prometer un número. Hay heridas que necesitan unos días y otras varias semanas. Lo que sí es fijo es la revisión: si tras una o dos semanas la herida no cambia, se replantea el tratamiento en lugar de continuar igual.
Por lo general cada 48 a 72 horas. Se cambia antes si la herida drena mucho, si hay infección o si se pierde el sello. Sobre un injerto de piel el apósito suele dejarse hasta la revisión programada por el cirujano.
Sí, con cuidado. Se desconecta la bomba un periodo corto, se evita el chorro directo sobre el apósito y no se sumerge la zona en tina, alberca ni mar. La película resiste el agua, pero el sello es lo que sostiene el tratamiento y conviene no ponerlo a prueba. Y no deje la bomba desconectada más de dos horas: si eso pasa, el apósito hay que cambiarlo, no sólo volver a conectarlo.
Muchos pacientes lo usan en casa con un equipo portátil y acuden sólo a los cambios de apósito, pero eso exige que el paciente o un familiar sepan qué hacer ante una alarma y a quién llamar: las complicaciones graves se han reportado sobre todo en personas tratadas en casa o en asilos, donde la vigilancia es menor. Otros requieren estar internados, sobre todo al inicio, cuando la herida es extensa o hay infección que se está tratando con antibiótico intravenoso. Se decide caso por caso.
Suele depender de la póliza y de si el tratamiento se deriva de una cirugía o padecimiento cubierto. Se recibe a pacientes con seguro de gastos médicos mayores y se entrega el informe médico y la documentación que la aseguradora requiera para el trámite; la respuesta la da su aseguradora, no el consultorio.
Si tiene una herida que no cierra, que se abrió después de una cirugía o que drena más de lo que esperaba, lo primero es que alguien la vea y decida qué necesita: puede que sea presión negativa, puede que sea desbridamiento, antibiótico o revisar la circulación de la zona. Si hay sangrado abundante, fiebre alta o dolor que crece rápido, eso es una urgencia y no debe esperar a una cita. La consulta de valoración tiene un costo de $800 MXN, se atiende en español e inglés y el consultorio está en De Los Tules 168-10, Jardines de Las Gaviotas. Si trae estudios previos, cultivos o el resumen de la cirugía, tráigalos a la cita.
Tiroidectomía Total o Parcial
Nódulos tiroideos, bocio o alteraciones de la función tiroidea a veces requieren cirugía. Se realiza una valoración cuidadosa, con manejo coordinado junto a endocrinología cuando es necesario.
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Muchos problemas de tiroides se detectan por estudios de rutina, pero también pueden presentar síntomas notables:
La cirugía de tiroides se recomienda cuando hay nódulos con características sospechosas, bocio que causa síntomas de compresión (dificultad para tragar o respirar), hipertiroidismo que no responde a tratamiento médico, o confirmación/sospecha de cáncer tiroideo. El abordaje se decide en conjunto con estudios de imagen (ultrasonido) y, en muchos casos, biopsia previa, coordinando el manejo con endocrinología cuando es necesario.
La tiroidectomía puede ser total (se retira toda la glándula) o parcial/lobectomía (se retira solo una parte), dependiendo de la condición específica.
Manejo coordinado: Cuando es necesario, el seguimiento posterior a la cirugía se coordina con endocrinología para el manejo hormonal a largo plazo.
La recuperación inicial suele tomar de 1 a 2 semanas para actividades normales. La incisión cicatriza en un pliegue natural del cuello, lo que la hace poco visible con el tiempo. Si se retira toda la glándula, puede requerirse tratamiento hormonal de reemplazo de por vida, lo cual se explica claramente durante la consulta.
La incisión se hace en un pliegue natural del cuello y con el tiempo tiende a ser poco visible para la mayoría de los pacientes.
Si se retira toda la glándula, sí — se requiere reemplazo hormonal tiroideo de por vida, que es un tratamiento sencillo y bien tolerado. Si solo se retira una parte, esto se evalúa caso por caso.
No, muchos nódulos son benignos y solo requieren seguimiento. La cirugía se recomienda según características específicas del nódulo, tamaño, síntomas o resultado de biopsia.
Sí, el manejo se coordina con su endocrinólogo antes y después de la cirugía cuando es necesario.
Sí, se aceptan seguros de gastos médicos mayores además de pago particular.
Agende su consulta para una valoración completa y clara sobre su caso.
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